Fórmulas para bebés con alergia a la proteína de la leche de vaca
La alergia a la proteína de la leche de vaca (APLV) es una de las alergias alimentarias más frecuentes en los primeros meses de vida. Puede generar síntomas digestivos, cutáneos y, en algunos casos, respiratorios. Esta guía explica cómo se aborda la APLV y qué papel tienen las diferentes fórmulas, incluyendo la diferencia entre NAN HA (parcialmente hidrolizada, orientada a prevención en contextos concretos) y NAN ALTHÉRA (extensamente hidrolizada, indicada para el manejo de APLV confirmada).
Lactancia materna: primera opción también en APLV
Cuando existe APLV, la primera pregunta suele ser: “¿Tengo que dejar de dar el pecho?”. En muchos casos, la respuesta es no. La lactancia materna sigue siendo la opción preferible siempre que sea posible y segura.
En algunas formas de APLV (especialmente no IgE mediadas), el bebé puede reaccionar a pequeñas cantidades de proteínas de leche de vaca que llegan a la leche materna a través de la dieta de la madre. En ese caso, el pediatra puede proponer una dieta de exclusión materna de lácteos durante un periodo de prueba, con seguimiento. Esta decisión debe tomarse con un profesional, porque una dieta restrictiva mal planteada puede afectar la nutrición materna (calcio, vitamina D y proteína, entre otros).
Si se indica exclusión, es habitual que el equipo de salud oriente sobre alternativas alimentarias y, si procede, suplementación.
Qué es la APLV (IgE y no IgE)
La APLV es una reacción inmunológica frente a proteínas de la leche de vaca (caseínas y proteínas del suero). Se suele clasificar en:
- APLV mediada por IgE: los síntomas aparecen rápidamente tras la exposición (por ejemplo, urticaria, hinchazón, vómitos inmediatos, en casos graves anafilaxia). Suele apoyarse en pruebas como IgE específica o prick test, siempre interpretadas por el especialista.
- APLV no mediada por IgE: los síntomas son más tardíos y, a menudo, digestivos (por ejemplo, sangre/moco en heces, diarrea, irritabilidad asociada a las tomas). El diagnóstico suele basarse en la respuesta a una dieta de exclusión y, cuando procede, una reintroducción controlada.
- Formas mixtas: con componentes de ambas.
Esta distinción importa porque cambia el tipo de síntomas esperables, el abordaje diagnóstico y el plan de reintroducción.
Prevalencia y por qué se confunde con otros problemas
La APLV afecta aproximadamente al 2-3% de los lactantes según guías europeas (EAACI), aunque las cifras dependen de cómo se confirme el diagnóstico. En la práctica, la sospecha suele ser mucho más frecuente que el diagnóstico confirmado.
Esto ocurre porque síntomas como regurgitación, gases, llanto o cambios de heces son comunes en la etapa del lactante y pueden deberse a múltiples causas: reflujo fisiológico, cólico, infecciones, estreñimiento, sobrealimentación, cambios de rutina o, simplemente, inmadurez digestiva.
Por eso, antes de hacer cambios drásticos (cambiar de fórmula varias veces, eliminar grupos de alimentos sin guía), conviene estructurar la evaluación con el pediatra.
Síntomas que pueden orientar
La APLV no tiene un único síntoma “marca registrada”. Lo que orienta es la combinación, la intensidad y la relación con la exposición.
Manifestaciones cutáneas
- urticaria (habones) o ronchas tras la toma
- angioedema (hinchazón de labios, párpados)
- eczema moderado-severo que no mejora con medidas habituales
Manifestaciones digestivas
- vómitos repetidos
- diarrea persistente
- sangre o moco en heces
- estreñimiento resistente a medidas convencionales
- dolor/irritabilidad persistente asociada a las tomas
Manifestaciones respiratorias
Los síntomas respiratorios aislados son menos específicos. Cuando se combinan con síntomas cutáneos/digestivos y aparecen tras la exposición, pueden formar parte del cuadro y requieren valoración médica.
Signos de alarma
Busca atención urgente si hay dificultad respiratoria, decaimiento, palidez intensa, vómitos repetidos con mal estado general o cualquier signo compatible con anafilaxia.
Diagnóstico: qué se hace (y qué no)
Las guías de alergología insisten en que la APLV debe diagnosticarse con un enfoque clínico estructurado. En función del tipo de sospecha:
- Si se sospecha APLV IgE mediada: el especialista puede solicitar pruebas cutáneas o analíticas (IgE específica). La interpretación depende del contexto clínico; una prueba positiva no equivale siempre a alergia clínica.
- Si se sospecha APLV no IgE: suele plantearse una dieta de exclusión seguida de una reintroducción planificada para confirmar. Esto evita diagnósticos “de por vida” basados solo en síntomas comunes.
Qué conviene evitar:
- hacer pruebas alternativas sin validez (tests no estandarizados) para “confirmar alergias”
- eliminar múltiples alimentos sin supervisión
- cambiar de fórmula cada pocos días sin un plan
El pediatra también valorará diagnósticos diferenciales (infección, fisura anal en sangrado leve, reflujo, etc.) y el estado nutricional del bebé.
Opciones de alimentación según cada caso
El plan depende de si el bebé recibe lactancia, fórmula, o alimentación mixta:
- Lactancia materna exclusiva: en muchos casos se mantiene. Si hay sospecha de reacción a proteína de leche de vaca, se valora exclusión materna de lácteos durante un tiempo con seguimiento.
- Fórmula: si hay sospecha o diagnóstico de APLV, el pediatra puede indicar una fórmula extensamente hidrolizada (EHF) como primera opción. Si no hay respuesta o el cuadro es grave, puede indicarse fórmula de aminoácidos (AAF).
- Mixta: se combinan las estrategias (mantener pecho y ajustar la fórmula, o ajustar dieta materna si procede).
En cualquier caso, el objetivo es que el bebé crezca y esté cómodo, evitando exposiciones que provoquen síntomas y evitando restricciones innecesarias.
Tipos de fórmulas: HA, EHF, AAF
Las fórmulas se diferencian por el grado de hidrólisis de la proteína y, por tanto, por su capacidad de reducir la respuesta inmunitaria.
1) Parcialmente hidrolizadas (HA)
Contienen proteínas fragmentadas, pero no lo suficiente para considerarse tratamiento de APLV confirmada. En algunos contextos se han utilizado en estrategias de prevención en bebés con riesgo (antecedentes familiares) cuando no se puede dar lactancia materna exclusiva.
El estudio GINI (German Infant Nutritional Intervention) es una referencia histórica en el estudio de fórmulas hidrolizadas en prevención en poblaciones de riesgo. Sus resultados deben interpretarse en el marco de la evidencia acumulada y de las guías actuales, que han ido ajustando recomendaciones con el tiempo.
2) Extensamente hidrolizadas (EHF)
La proteína está fragmentada en péptidos mucho más pequeños. Son la opción más utilizada para el manejo de APLV confirmada, especialmente en cuadros leves-moderados. La mayoría de lactantes con APLV las tolera, pero el seguimiento es imprescindible.
3) Fórmulas de aminoácidos (AAF)
En estas fórmulas, la proteína está presente como aminoácidos libres. Se reservan para situaciones concretas: síntomas graves, falta de respuesta a EHF, múltiples alergias o indicación del especialista.
¿Y la fórmula de soja?
La soja puede considerarse en algunos casos y edades, pero no es la primera elección en lactantes pequeños por cuestiones de tolerancia cruzada en algunos niños y por recomendaciones de guías. El pediatra o alergólogo indicará si tiene sentido.
NAN HA vs NAN ALTHÉRA: diferencias prácticas
Dos dudas frecuentes son “¿qué significa HA?” y “¿qué fórmula necesito si hay alergia?”. La diferencia principal no es el nombre comercial, sino el grado de hidrólisis y la indicación:
- NAN HA: proteína parcialmente hidrolizada. Se asocia a estrategias de prevención en bebés con riesgo cuando no se puede dar lactancia materna exclusiva. No es tratamiento para APLV confirmada.
- NAN ALTHÉRA: fórmula extensamente hidrolizada. Se utiliza en el manejo de APLV confirmada bajo recomendación médica.
Si un bebé tiene síntomas sugerentes, el pediatra decidirá si hay sospecha razonable de APLV y qué fórmula usar en una prueba de exclusión. Evita “probar por probar” sin plan, porque puede alargar el proceso y confundir el diagnóstico.
Seguimiento y reintroducción: el papel del especialista
La APLV suele cambiar con el tiempo y muchos niños desarrollan tolerancia, pero el ritmo es individual. Por eso el seguimiento tiene varios objetivos:
- Confirmar diagnóstico: que la mejoría se relaciona con la exclusión y que la reintroducción planificada lo confirma cuando corresponde.
- Evitar déficits: asegurar una nutrición completa del bebé (y de la madre si hay exclusión dietética).
- Planificar reintroducción segura: en APLV IgE mediada, la provocación debe ser en entorno controlado. En algunas APLV no IgE, el especialista puede usar un “milk ladder” o introducción progresiva, siempre guiada.
En la vida diaria, conviene llevar un registro simple (síntomas, heces, tomas) durante los periodos de prueba. No para obsesionarse, sino para ayudar al pediatra a tomar decisiones basadas en un patrón claro.
Preguntas frecuentes
- ¿Qué es la APLV?
- Una reacción inmunológica a proteínas de la leche de vaca. Puede ser IgE mediada (rápida) o no IgE (más tardía).
- ¿Qué prevalencia tiene?
- Aproximadamente 2-3% en lactantes, según guías europeas.
- ¿NAN HA trata una APLV confirmada?
- No. Para APLV confirmada se usan fórmulas extensamente hidrolizadas o de aminoácidos según indicación.
- ¿Puedo mantener lactancia materna?
- En muchos casos sí. Si hay reacción a proteínas de leche en la dieta materna, el pediatra puede indicar exclusión temporal con seguimiento.
Referencias
- EAACI (European Academy of Allergy and Clinical Immunology): guías y documentos de consenso sobre alergia alimentaria y manejo de alergia a leche de vaca.
- Koletzko S, et al. ESPGHAN: documentos sobre diagnóstico y manejo de alergia a proteína de leche de vaca (posicionamientos y guías europeas).
- GINI Study Group: German Infant Nutritional Intervention (estudio sobre fórmulas hidrolizadas en prevención en lactantes de riesgo).
- AEP: recursos de alergología pediátrica y nutrición infantil.